Historias

La Gema Perdida (Parte 4)

Anthony Well fue al Hospital Salis, en el centro de la ciudad, para hablar con Rose Kinsky, la guardia de seguridad de las gemelas Leeves.

‘¿Por qué no puedo ir con ustedes a hablar con las gemelas?’ preguntó Anthony cuando estaban asignando las personas.

‘Porque tu ere’ un fre’co.’ respondió su compañera, Daisy D’Arezzo. ‘Ve con la guardia, ella te pondrá en tu lugar.’

Cuando Anthony encontró el cuarto de la Señorita Kinsky, el número 48, ella estaba chateando en su celular. El detective Wells imagino que la Señorita Kinsky sería una mujer alta, fuerte, de muñecas anchas, con una cicatriz en la frente y un carácter encendido. En cambio se encontró con una joven  de estatura menuda, con pelo rizado, teñido de rosa, y con frente y ojos pequeños; si tenía el carácter encendido que esperaba. Anthony quedo pasmado.

“¿Rose Kinsky?” preguntó Anthony.

“¡Depende de quién pregunté!” respondió gritando y con un fuerte acento extranjero.

“Baje la voz, es un hospital.”

“Perdón.”

“Soy el detective Wells, le tengo algunas preguntas sobre el robo de anoche.”

“Bueno… me golpearon en la frente y se llevaron el diamante Sancy… y ya.” dijo la guardia y volvió a chatear.

Después de mirarla un rato, Anthony dijo: “Eres muy bonita.”

Rose levanto la mirada de su celular y lo miro de arriba abajo con intriga. Como si estuviera analizando un rompecabezas.

“Gracias…tú también eres muy guapo.” concluyó la Señorita Kinsky, con una sonrisa traviesa que la caracterizaba.

Anthony Wells tenía ojos negros, grandes cachetes, pelo castaño muy rizado; tenía cara de bebe.

“Hagamos un trato…”

“Wells… pero puedes decirme Anthony… o Tony.” dijo tartamudeando.

“Hagamos un trato Tony.” susurró Rose mientras de levantaba de la cama y se acercaba lentamente a la cara de Anthony. “Te diré todo sobre la persona que robo el collar y te daré el mejor beso que te hayan dado en tu vida, me dejas ir y no vuelves a buscarme.” Rose tomó las ásperas manos de Anthony y dijo, mirándolo a los ojos: “¿Qué opinas?”

Oh, oohh.  pensó él detective.

Continuará

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