Historias

Huellas

Huellas. George Matthews las ve todos los días en su trabajo. Huellas de dinosaurios, huellas de mamut, ardillas, entre otros. Ha trabajado durante tantos años en el museo. Él ha visto todos los rastros y escuchado todas las presentaciones sobre ellos. Si uno de los guías se enferma, puede dar la presentación sin ningún problema. Desafortunadamente, los guardias de seguridad no estaban autorizados a dar presentaciones. George hubiera sido un excelente paleontólogo. Pero su familia no tenía los recursos para que él terminara su educación. “Algún día”, pensó, no muy convencido, durante sus noches de vigilancia.

Un día de invierno, George notó algo diferente. Una exposición de cavernícolas llamó su atención. En la arena, frente a la entrada de la cueva, había unas pequeñas huellas de zapatos Crocs. George le contó al gerente sobre su descubrimiento, pero el gerente no mostró interés en el asunto. Unas pocas pisadas no significaban nada para él.

“Tienes que tomarte un café, George”, dijo el Señor Cort con una sonrisa. Y mirando el abdomen plano del guardia, agregó: “con mucha azúcar”.

George le contó a sus colegas sobre su descubrimiento, pero reaccionaron al igual que su jefe.

“Si quieres tanto un hijo, George, adopta uno y deja de exagerar”, comentó su amigo, Nolan.

Por la noche, mientras George Matthews estaba en su turno, escuchó pasos. En un modo automático, sacó su arma y se acercó al lugar donde los escuchó. Venían de la sala donde estaba la exposición con las impresiones de Crocs.

Dentro de la vitrina, vio a un niño de unos siete años de edad, pelo rubio sucio, oculto por una gorra roja y grandes mejillas. Llevaba un gran abrigo marrón de invierno, pantalones vaqueros y Crocs amarillos. Cuando George se acercó a él, el niño vio el arma y trató de esconderse nuevamente en la cueva de la exposición. George vio el hambre y el miedo en sus ojos negros.

“¡No te vayas!” dijo George, guardando el arma. El niño le recordó a su hermano cuando era pequeño. “Quiero ayudarte. ¿Cuál es tu nombre?”

“Stanley”, respondió el niño con más confianza.

“¿Qué estás haciendo aquí?”

“Tenía frío y entré”.

“Y, ¿dónde están tus padres?”

“Murieron hace mucho tiempo”.

Si quieres un hijo tanto, George, adopta uno. “Eso haré”, pensó el guardia.

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