Historias

El Diario

“¡Brenda!” gritó Miriam, mientras golpeaba la puerta de la habitación de su amiga.

“Miriam … ¿qué pasa?… Estaba durmiendo”, dijo Brenda. Sus ojos estaban casi cerrados, su cabello rubio estaba desordenado y hablaba en voz baja.
“Tenemos problemas”. Miriam se dirigió a la habitación de su amiga y comenzó a buscar ropa.
Con una leve risa, Brenda respondió: “Tu tienes problemas, yo estoy bien.”
Miriam comenzó a contarle a su cómplice lo sucedido. El sudor de su frente y las lágrimas de sus ojos cayeron sobre la alfombra roja.
“¡Eres una idiota!” exclamó Brenda; sus ojos azules estaban llenos de rabia. “¿Por qué escribiste en tu diario todo lo que hicimos? ¡Será una confesión en el juicio!
Miriam se masajeó las sienes para calmarse; tenían que encontrar el diario antes de que fuera demasiado tarde. “Pero primero, hay que decirle a Rosemary”.
Cuando Brenda y Miriam llegaron a la entrada principal, notaron que Tito, el perro de Brenda, tenía atado a su cola una pequeña caja. Brenda desató la caja. Dentro había un trozo de papel. Ella lo leyó en voz alta; Miriam palideció.
“Ellos … tienen a Rose”, dijo Miriam, al final.

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